Columna: ¿El movimiento nos mueve? O ¿Somos movimiento que mueve?

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https://engravedprints.co.uk/55651-ivomec-super-injection-60474/ terremoto.fuente.marmotinforma

Hirakata mr green slots Por Josefina Fortunatti
Trabajadora Social Ciudad Emergente

ivermectin oral solution for dogs flagitiously Sin duda alguna, nuestro país presenta las tasas más altas de actividad sísmica. Claro está, pues nos situamos sobre el encuentro entre la Placa Continental Sudamericana y la Plaza de Nazca, cuya subducción es una de las causas principales de los terremotos en Chile. Si bien estos eventos no son planificados, la resiliencia forjada ya se ha hecho parte de nuestra idiosincrasia, generando un profundo sentido de pertenencia.

Estamos olvidando ese estado de inercia que nos impide accionar frente a las injusticias y desigualdades visibles del día a día. Todas las mañanas cuando tomamos el metro o la micro hacia nuestro trabajo o escuela, nos conocemos -a veces muy de cerca- pero no de la mejor manera, pues sentimos que llevamos en nuestros hombros un peso invisible que nos debilita y nos propone una constante lucha con el otro.

De cierto modo, culpo al exitismo cortoplacista por querer tener todo de inmediato y pretender conservar nuestro título de Jaguares de Latinoamérica sin prever o preguntar al ciudadano: ¿Cómo le gustaría vivir? ¿Prefiere té verde o té rojo?

Por consiguiente, no nos estamos dando cuenta que poco a poco la población está siendo aleccionada por el sistema. Nos enfrentamos a una gran masa que no delibera. Sin embargo, nosotros, la masa, como un dominó solemos despertar ante estos eventos de gran magnitud cuando nos remece hasta nuestra más ínfima célula, nos damos cuenta de que el pesar es de todos. Si una pieza cae, mueve a la otra y genera el efecto dominó. Nos transformamos en energía, somos el movimiento que genera despertar social.

¡Hemos dejado de dormir entre laureles! Ahora reflexionamos, debatimos, actuamos. Empezamos a construir más participación ciudadana, fortalecemos la democracia involucrándonos en las decisiones públicas, opinamos, solidarizamos y creamos conciencia crítica. Escuchamos y somos escuchados por muchos. Es en estas situaciones cuandoformamos comunidad y tendemos a dejar de lado el individualismo.

Solo a través del ejercicio de nuestros derechos, podremos disminuir las desigualdades que nos aquejan y ser la voz que quiere tener una verdadera representación, la que quiere mejorar los proyectos públicos. Es ahora cuando nos volvemos a preguntar ¿Quiere tecito? ¿Rojo o verde? pero, ¿Con cuántas de azúcar le gustaría.

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